Burnout: los jefes también estamos “quemados”

Nos despedimos de noviembre y con ello se inicia la temporada oficial del “Estoy quemado”. Dentro de la PyME, lo escuchamos en todos lados: desde el primer empleado hasta el dueño. El síndrome del quemado o burnout es un término que acuñó Herbert Freudenberger, el psicólogo alemán que se transformó en uno de los primeros en describir los síntomas del agotamiento profesional.

En el año en el que seguramente escuchamos hablar más que nunca de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la particularidad es que esto ya lo venimos escuchando más o menos desde abril.  En mayo del año pasado, la mismísima OMS reconoció el burnout como enfermedad y los medios se hicieron eco de ello, por supuesto, desde la perspectiva de los empleados aunque no sea una patología que alcance únicamente a aquellos que se encuentran en relación de dependencia.

Burnout ¿La otra pandemia?

Si hay algo que aprendimos este año es cómo se transmite un virus. Paradójicamente, años de trabajar con empresarios, nos llevan a darnos cuenta que este síndrome, el de estar quemado también actúa como el virus, puerta para adentro. Así como aprendimos a usar barbijo, lavarnos bien las manos, mantener la distancia social y un montón de otras cosas, también hay medidas preventivas para que el virus del quemado no se propague y también, empieza por vos, que sos el dueño, el jefe.

Hemos hablado de la delegación efectiva en otras notas pero, a veces, saber delegar no basta. Lo mejor para prevenir es saber qué lo genera y en líneas generales podemos distinguir dos causas: aquellas empresas demasiado burocratizadas y aquellas que por el contrario, todo se va viendo sobre la marcha.

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En cualquiera de los dos casos la intervención del “jefe” se vuelve inevitable en algún punto del camino para destrabar una situación. Destrabar algo que se podría haber acelerado si lo trabajamos desde los procesos y la correcta asignación de recursos a las responsabilidades para lograr una empresa que funcione con un poco más de autonomía. 

 

No se trata solo de liberarte y que vos como dueño te sientas mejor. Se trata de frenar la bola de nieve. Porque seguramente si vos estás quemado, tus empleados también empiezan a estar quemados y eso influye en el clima organizacional, la incertidumbre, empiezan las pocas ganas de hacer las cosas, la mala administración del tiempo, la desmotivación y podemos seguir enumerando situaciones con las que nadie quiere lidiar. Situaciones que para ser más claros se transforman en objetivos no cumplidos, pérdida de rentabilidad y costos que se elevan.

¿Estás para perder plata? No, ninguno de nosotros estamos acá para perder plata. Ni este año ni ningún otro. Por eso, si te sentis quemado, no es la solución tomarse vacaciones. La solución es ponerse en marcha.

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